A R T I C U L O S >

El caso de Vieques fuera de la ONU
(Primer artículo de dos)

Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
9 de junio del 2002

lbarrios@jjay.cuny.edu
14 de junio de 2002


 

No podemos negar ni por un instante que en la semana pasada Vieques volvió a registrar un pedazo de su semblanza en los anales históricos de la ciudad de Nueva York. En esta ocasión con el juicio contra 42 activistas el cual estuvo vulgarizado por todo un proceso de inmoralidad y prohibición. Comencemos por analizar lo que supuestamente se juzgó, y por supuesto, lo que no se juzgó.

Fueron tres acciones educativas, lo que comúnmente se denomina como protestas, las cuales se llevaron a cabo frente del edificio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La única motivación para estas acciones fue y sigue siendo el demandar que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU se involucre en el caso de Vieques, Puerto Rico, se acuse al gobierno de los Estados Unidos de violación de derechos humanos, y la Marina que se vaya. En otras palabras, y esto lo tomo de la declaración del Tribunal Internacional sobre la violación de los derechos humanos en Puerto Rico por parte de los Estados Unidos: “que la política actual de las fuerzas militares de Estados Unidos en Puerto Rico, constituye un obstáculo a la auto-determinación de la isla y una amenaza a las condiciones de paz y seguridad en la región del Caribe”. Esta convocatoria la llevó a cabo el Colegio de Abogados de Puerto Rico el 7 de diciembre del 2000.

Las acciones educativas que se llevaron a cabo el 15 de mayo, 31 de mayo, y el 2 de agosto del año 2001, dejó como resultado que originalmente 42 personas fueran arrestadas y procesadas en este juicio monigote. Digo originalmente porque luego durante el proceso del juicio fueron excluidas una serie de participantes dizque por errores de tecnicismos legales. Estas acciones originalmente fueron catalogadas por los/as activistas como desobediencias civiles, aunque yo siempre me inclino a identificarlas como obediencias civiles, en donde se hace necesario luchar por un proceso de justicia. Lo interesante de todo esto, y para que no se nos olvide que en nuestro sistema político, toda acción en contra de la clase dominante se tiende a criminalizar, todas las personas fuimos a llevar a cabo obediencias civiles. Sin embargo, dentro del proceso acusativo, se nos incriminó de conducta desordenada. De aquí la necesidad entonces de procesarnos como criminales dentro de nuestro Tribunal Criminal. Imagínese usted hasta donde hemos llegado con estas estrategias legales que la clase dominante utiliza para combatir o eliminar cualquier indocilidad o rebeldía. De aquí siempre la necesidad de evaluar no la conspiración que se lleva a cabo, sino más bien, contra quién y por qué se conspira. Este engendro político fue parte de lo que no se juzgó en este juicio fatídico.

Por otro lado, desde un principio la fiscalía, y en colaboración con el juez, determinaron que en este juicio solo se iba a discutir si se violaron las leyes, sin discutir las razones que hubo. Había que decir si la acción de protesta y de desobediencias civiles se llevó a cabo en un lugar que está prohibido, punto, sin elaborar. O sea un sí o un no que te incrimine. En otras palabras, no se podía mencionar a Vieques, ni el proceso colonial de Puerto Rico, ni mucho menos a la Marina de Guerra de los Estados Unidos. No se podía mencionar la contaminación, las muertes por cáncer, la destrucción de la economía, los asesinatos, ni mucho menos que toda esta deshumanización es el resultado de la presencia de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, en Vieques, Puerto Rico.

En el proceso del juicio las personas acusadas nos encargamos de hacer exactamente lo contrario, y con los abogados pudimos siempre encontrar un momento oportuno para acusar a la Marina, al gobierno de los Estados Unidos, y recordar que Puerto Rico sigue siendo una colonia de los Estados Unidos. Y esto en violación a todos los principios de derechos humanos que ha establecido la ONU. Entre otras cosas, también nos encargamos de recordarles a quienes nos estaban enjuiciando que la Constitución y la Carta de Derechos Civiles en nuestra “democracia” nos otorga no solo el poder de organizar protestas, sino también el derecho de poder organizar y llevar a cabo desobediencias civiles.

Un punto histórico y significativo en todo este proceso lo es que esta es la primera vez que se nos trae a juicio por acciones como estas. Por un lado, en el pasado, todas las acusaciones contra acciones por desobediencias civiles, aunque también eran catalogadas por el gobierno como conductas desordenadas, las mismas no pasaban de la vista preliminar. Aquí eran suspendidas y archivado los casos. En esta ocasión el juez que tuvo la responsabilidad de la vista preliminar determinó que era necesario llevar a cabo un juicio, y lo recomendó. En su racional, más o menos escribió lo siguiente: “sería una irresponsabilidad de mi parte si después de los sucesos del 11 de septiembre del 2001, que yo suspendiera este caso sin una investigación profunda de lo que en verdad aquí sucedió”. Yo de mi parte no me parece que esto haya sido pura coincidencia, y ahí esta la prueba de que en un juicio como este tenemos la presencia del gobierno federal escuchando y documentando todo el proceso. Esta asociación de prácticas que pongan sobre el tapete la descolonización de Puerto Rico, con acciones “terroristas” es una maraña vieja. Los documentos históricos que demuestran los procesos de contra-inteligencia por parte del FBI, contra movimientos independentistas puertorriqueños, están por todos lados. Desde carpetas, arrestos, radiaciones, secuestros, asesinatos, y otras maniobras demoníacas más, el FBI de frente al pueblo de Puerto Rico es culpable.

Al momento de escribir esta columna habíamos finalizado todos los testimonios, y para el día siguiente, viernes, le correspondía a ambas partes, defensa y fiscalía, presentar sus argumentos finales, y luego el juez dicta el veredicto y sentencia. La semana que viene discutiremos el proceso de sentencia. Mientras tanto, que no se nos olvide que todo este proceso es un síntoma de una enfermedad que se llama colonialismo. Por lo tanto, fuera la Marina de Vieques y del resto de Puerto Rico, y sigamos conspirando por la paz con justicia.

P. Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
9 de junio del 2002