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Hacia un crimen perfecto Arturo Massol
Fitorremediación: tecnología verde Fitorremediación es una tecnología moderna que utiliza plantas para detoxificar ambientes contaminados. En esta acción, especies con características particulares son cultivadas en el área afectada para acelerar su restauración. Esta estrategia biorremediativa emerge de la documentada capacidad de ciertas plantas para acumular toxinas o promover su destrucción en su zona de crecimiento. Es decir, la planta y su sistema de raíces ejerce una influencia beneficiosa que resulta en la completa remediación del recurso impactado. La influencia de la planta sobre el recurso contaminado puede definirse en dos tipos. En el primer caso, la retención de agua, exudados de nutrientes y oxígeno a través de las raíces tiene como consecuencia acelerar la actividad microbiológica en el suelo y por lo tanto, estimular la biodegradación de los contaminantes. En este caso, la planta actúa como agente estimulador para que los microorganismos se encarguen de destruir en el lugar los contaminantes ambientales, sean estos derivados de gasolina, diesel, plaguicidas hasta RDX TNT u otros derivados de explosivos. En el caso de metales pesados como plomo, cadmio, cromo, uranio, entre otros, la planta puede actuar como un extractor natural de estos elementos. La planta, en su necesidad de adquirir agua y nutrimentos esenciales para su crecimiento, co-transporta a través de sus raíces toxinas acumulándolas en su biomasa, usualmente en lugares que no interfieran con su metabolismo. O sea, en este proceso los contaminantes son movilizados del suelo o agua contaminada al tejido de la planta. Este proceso suele concentrar o amplificar los niveles del tóxico, es decir, ocurre biomagnificación donde las concentraciones en la planta son significativamente superiores a las detectadas en el ambiente. Este segundo rol también suele conocerse como fitoextracción (fitominería para otros). Debido a que sólo ocurre una transferencia del problema, del suelo a la planta, la actividad remediativa requiere cosechar esta vegetación para disponerse en un lugar apropiado; de un ambiente de alto riesgo a un lugar de riesgo controlado (ej. un vertedero). Algunos beneficios de esta estrategia incluyen su bajo costo operacional, minimización del volumen de desperdicios (la planta tiene un alto contenido de agua y es material biodegradable), reducir exposición a obreros, entre otros. Por lo tanto, fitorremediación requiere de conocimiento especializado de manera que el proceso de detoxificación sea manejado científicamente y pueda alcanzarse la deseada recuperación del lugar. Las plantas no están unionadas, trabajan 365 días al año incluyendo días feriados, no responden a los grandes intereses, no se les paga plan médico y están, por no padecer de hipertensión o diabetes, inmunes hasta cierto grado de muchas toxinas que afectan a poblaciones humanas. En Puerto Rico poseemos una extensa diversidad de plantas que potencialmente podrían emplearse para la restauración de los diversos ecosistemas impactados por pasadas actividades industriales, urbanas, agrícolas y militares. ¿Qué hacer? Estudiar esta diversidad biológica y describir aquellos factores externos que pueden ser controlados para acelerar el proceso fitorremediativo. Varios estudios pilotos son realizados en nuestros laboratorios con la intención de describir la relación entre los contaminantes en el ambiente, los microorganismos y la vegetación. Con estos trabajos aspiramos identificar aquellos parámetros que pueden controlarse para acelerar la descontaminación, o por el contrario, inhibir la acumulación y desplazamiento de estos contaminantes. "Fitorremediación" natural en Vieques ¿un crimen perfecto?Los diferentes estudios aquí descritos evidencian la acumulación a niveles excesivos de metales pesados como plomo, cadmio, níquel, manganeso y cobalto en la vegetación nativa y agrícola del ecosistema viequense. Esta situación es indicadora de una realidad ambiental; Vieques está inmerso en una grave crisis ambiental. La base de la cadena alimentaria terrestre y marina está impactada por conocidos agentes carcinógenos. En este caso, la presencia de elevadas concentraciones de metales tóxicos ocurre sin la intención de remediar una zona altamente contaminada. ¿Qué factores contribuyen a este proceso? ¿Qué nos está informando la vegetación del lugar? En el polígono de bombardeo podríamos identificar varios factores que aceleran la bioacumulación de toxinas en el tejido de las plantas terrestres y marinas. Primeramente esta zona ha recibido descargas continúas de actividades militares por sobre 60 años; residuos de explosivos, napalm, uranio, hidrocarburos y metales pesados asociados a los blancos y a la composición de las bombas son algunos tóxicos de una larga lista de contaminantes militares. Segundo, esta actividad ocurre en una zona tropical de alta evapotranspiración (altas temperaturas todo el año a diferencia de una base en Washington, D.C. o en la Siberia) que junto al salitre del lugar aceleran la corrosión de muchos de estos artefactos. El suelo pulverizado, producto de los bombazos, provee mayor área superficial con respecto a su volumen agilizando la movilización de estos contaminantes. Este desplazamiento ocurre por lixiviación, erosión o a través del aire en forma de polvos que se producen por cada explosión. Los polvos generados pueden alcanzar hasta 3,000 pies de altura y suelen dirigirse hacia el oeste del polígono por los vientos alisios que soplan un 65% del tiempo de este a oeste. Mientras la zona de impacto directo contiene concentraciones innegablemente altas, las zonas adyacentes han recibido impactos discontínuos, potencialmente significativos, pero reversibles. ¿Qué ha sucedido durante las últimas décadas? La Marina de Guerra celebra continuamente su acuerdo con ganaderos de la Isla Nena y de la Isla Grande por permitir el pastoreo en las tierras controladas del Campamento García al este de la isla viequense. La práctica del "buen vecino", la que mantiene la actividad agrícola residual es resultado del Memorandum de Entendimiento del '83. Las reses se desplazan "libremente" por zonas cercanas a uno de los lugares más contaminados del Planeta. Allí habitan y se alimentan hasta ser eventualmente atrapadas, legal o por contrabando, y transportadas al macelo más cercano. Entonces, la carne se mercadea no sólo en la Isla Nena, sino también en la Isla Grande como producto fresco y producido en PR-USA (USDA "Grade A"). De la zona de prácticas militares al aire, del aire se desplazan hacia la zona civil y al oeste de Vieques quedando una estela de diluida contaminación en zonas adyacentes; del suelo afectado al pasto que "naturalmente" fitorremedia el lugar. ¿Quién dispone de los metales y otros contaminantes fitoextraídos por la vegetación? ¿Quién estimula este proceso para que se repita y se detoxifique el lugar? No se cosecha a la vegetación para disponerse apropiadamente como si fuera el objetivo restaurar el lugar. No se cultiva en repetidas ocasiones para lograr la meta. ¿Quién entonces? ¡Ah! De las plantas al ganado y la planta crece y es consumida nuevamente por el ganado. ¿De ahí al vertedero para su disposición final? No. De ahí al sistema digestivo de los puertorriqueños y el ciclo comienza una vez más. Sea accidental o por ignorancia, la realidad es un vínculo real y medible entre los contaminates descargados por actividades militares y su eventual transferencia a través de la cadena alimentaria hasta alcanzar a los humanos. No hay que estar en Vieques para recibir exposición a los tóxicos vertidos en el polígono de bombardeos de la Marina. El problema es regional. Peor aún es saber que ésta no es la ruta exclusiva de exposición a los contaminantes descargados deliberadamente en la zona. En una isla donde la actividad agrícola era abundante, hoy, estas actividades residuales ameritan examinarse cuidadosamente para asegurar su calidad y proteger al consumidor. La actividad militar empeñó estas humanas faenas. ¿Podremos con estudios de terreno fuera de la zona de impacto
directo percatarnos de la problemática ambiental que enfrenta el
ecosistema viequense? La contaminación no prosigue una ruta homogénea,
es decir, detectarla dependerá de diseños experimentales
que atiendan las posibles rutas de dispersión y su estado. No se
trata exclusivamente de la cantidad, se trata de las cualidades en que
estos contaminantes se encuentran en el ambiente y las formas no-evidentes
que expanden su radio de influencia. La evidencia del gran crimen ambiental
contra Vieques y los viequenses desfila a diario ante nuestras mesas.
En este caso, la fuerza policíaca vela a las víctimas en
lugar de celosamente custodiar la evidencia del crimen. La evidencia se
diluye y se moviliza ante aquellos que cuestionan para no saber, ante
instituciones incluyendo organizaciones comunitarias que intentan forzar
alternativas sin juicio científico y otros que ahora dicen que
estudiarán objetivamente la situación, ¿tontos detectives
ambientales o sabios encubridores? En años venideros habrá
en la Isla Grande, como hoy cientos de viequenses reclaman, que la Marina
de Guerra es la responsable directa de la muerte de sus familiares o de
sus propios padecimientos. En ese entonces, el reclamo podría ser
otra especulación más ya que la Marina sería exonerada
de las muchas víctimas de una prolongada guerra simulada. |