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Dámaso: héroe por elección Silverio Pérez
- Humorista
CUANDO EL disparo sonó el joven sintió que su cabeza iba a estallar. Vio a su amigo caer al piso abatido por el balazo y esta vez fue el corazón el que estuvo a punto de estallarle, de dolor, de terror. Miró incrédulo al "marine" que sonrió orgulloso por la demostración de poder que acaba de dar, prepotente, disfrutándose al máximo el espanto que había provocado en él. Y el joven sintió un calentón que le subió desde el estómago. Aquel disparo iba dirigido a todos los viequenses. Y respiró profundo, miró al cielo y se juró que, de ese día en adelante, su vida estaría consagrada a sacar de su pequeña isla a los abusadores. Ese joven es el hoy alcalde de Vieques, Dámaso Serrano, preso en la cárcel federal por cumplir con ese compromiso que hizo. He escuchado decir que hay ocasiones en que las circunstancias históricas producen sus propios héroes. Si eso es cierto entonces la lucha para sacar la Marina de Vieques ha producido varios. Dámaso es uno de ellos. También es cierto que en la medida en que surgen héroes también surgen villanos. El magistrado Jesús Castellanos, que de Jesús de Nazaret y su sentido de justicia tal vez sólo tenga el nombre, ya que mandó a Dámaso a la cárcel por cuatro meses por representar dignamente a su pueblo, ha entrado por la puerta ancha al Salón de la Fama de los Villanos. Dámaso nació y se crió en el barrio Luján de Vieques. Su mamá, Marcia López, se ganaba la vida, como otras tantas mujeres en Vieques, lavándole ropa al os marinos. Su papá, don Dámaso, trabajó en la caña y luego en la construcción. Debido a que Vieques se paralizó en su crecimiento por la presencia de la Marina, don Dámaso, como otros viequenses, se fue a Santa Cruz a trabajar. A los catorce años un trágico incidente lo marcó para siempre. Mientras jugaba con unos amigos frente a la entrada de Camp García un marino mató de un disparo a sangre fría a su amigo Aníbal Correa. En ese momento Dámaso entendió que su misión sería sacar a la Marina de Vieques. Dámaso era el mayor de seis hermanos. En sus años de juventud se tuvo que enredar a los puños en varias ocasiones con los marinos, como muchos otros jóvenes viequenses, para salvar el honor de las mujeres a los que éstos iban a buscar a sus casas para tratarlas como prostitutas. Del 1968 al 1970 Dámaso Serrano estuvo en el ejército y fue a Vietnam. Su lealtad al Gobierno de los Estados Unidos y a la democracia no reñía con su deseo de que la Marina se fuera de su pueblo. Se graduó con un bachillerato en educación como maestro de escuela elemental con concentración en matemáticas. Luego fue auditor municipal y antes de decidir participar en las elecciones como candidato a alcalde, trabajó en la Autoridad de los Puertos. Dámaso recibió en las pasadas elecciones un mandato contundente. En momentos en que arreciaba la lucha contra la Marina su candidatura era una prueba de fuego. Lo entrevisté junto a la candidata del PIP en Anda pa'l cará y lo encontré muy introvertido. Me preocupaba si tendría el temple para enfrentarse al momento histórico que vivía su pueblo. Me equivoqué de medio a medio. El juicio al que fue sometido el Alcalde de Vieques es una joya. Junto al proceso de Norma Burgos y Rubén Berríos es la mejor demostración de cómo a la dama de la justicia hay jueces que logran ponerle en los ojos la bandera de la Marina Un día en que estaba a punto de ir al aire en mi programa de televisión llegó una carta abierta que Dámaso le dirigía a su pueblo. Acababa de entrar a terrenos usados por la Marina para sus ejercicios bélicos y en la comunicación explicaba magistralmente las razones por las cuales abrazaba la desobediencia civil. Leí parte del comunicado en el final de mi programa. Era, sin lugar a dudas uno de los mejores discursos que he escuchado en mi vida. Para probar la culpabilidad de Dámaso trajeron a un americano de Seatle, Washington. Los fiscales boricuas no se han prestado, como los jueces, a hacerle el juego a la Marina. Creyendo que ponía una pica en Flandes este fiscal trajo como agravante en el caso el hecho de que a Dámaso lo arrestaron en el polígono de tiro, o sea, que no se quedó cerca de la verja para que lo arrestaran, sino que se convirtió en escudo humano y se fue allí, donde las bombas caen. El hombre introvertido que conocí en mi programa de televisión no se metió al área de tiro a jugar. No sabía el fiscal que con su argumento estaba consagrando a Dámaso como un héroe. El juez Laffitte escogió para sí el caso del Alcalde de Vieques y lo señaló para el 19 de julio. Quería dar una prueba más de su lealtad a la Marina y de su mano dura contra los desobedientes. Pero tampoco quería que el encarcelamiento de Dámaso levantara una ola de indignación que afectara desfavorablemente a la Marina en el referéndum del 29 de ese mes, así que lo suspendió, sin explicar razones, para el 14 de agosto. El día antes del juicio a Dámaso se celebraría el juicio al alcalde de Carolina José Aponte ante la sala del juez Jay García Gregory. Este juez no ha sido de los que siguen los libretos de Héctor Laffitte y por lo general le ha echado sentencias muy razonables a los desobedientes civiles. Era de esperar que el juez Laffitte tendría que sentenciar a Dámaso el mismo día en que la prensa estaría reseñando la sentencia a Aponte. García Gregory le echó 30 días en probatoria a Aponte. Esa misma tarde Laffitte mandó a buscar de emergencia una palangana y se lavó las manos. Le pasó al magistrado Jesús Castellanos la papa caliente con sentencia escrita y todo. Castellanos, el mismo que le echó 4 meses a Rubén Berríos, le recetó la misma medicina de intolerancia a Dámaso. En Estados Unidos este tipo de falta por lo general recibe sentencias equivalentes a las horas cumplidas al ser detenidos. En la colonia los colonizados siempre quieren ser más papistas que el papa. El juicio ya estaba prejuzgado. Castellanos leyó una sentencia que ya traía escrita. ¿Se la dio el juez Laffitte? HAY UN héroe de pueblo preso. Coincido con Nellie Rodríguez,
esposa de Dámaso, en que la respuesta de la gobernadora Sila Calderón
al encarcelamiento de Dámaso ha sido tibia. El que esté
preso el Alcalde del pueblo donde la Marina bombardea, haciendo caso omiso
de la voluntad mayoritaria de ese pueblo, amerita el que se denuncie a
nivel internacional. Dámaso en la cárcel y el pueblo de
Vieques está en espera de esa acción de la Gobernadora. |