A R T I C U L O S >

Declaración ante el tribunal federal

por Ismael Guadalupe Torres


11 de mayo de 2001


 


INTRODUCCIÓN

Mi presencia ante este Tribunal no es una coincidencia, como tampoco le debe ser extraño mi nombre. Me llamo Ismael Guadalupe Torres y hace 22 años, cuando apenas tenía la edad de 3 años, el Ismael que se enfrentó a este Tribunal, era mi padre. Hoy, el Ismael que se enfenta, es el resultado de una incansable lucha, de una jornada que tiene como propósito sacudir de nuestra Isla de Vieques el abuso que por más de 60 años la Marina de Guerra ha sembrado en nuestro suelo. Hoy, el Ismael que se enfrenta a este Tribunal es el resultado de la incapacidad del mismo como institución de justicia. Soy parte de la trascendencia de una lucha de pueblo, de una generación que no da fin, de una juventud que da frente a la historia, que no huye y que no se esconde. Cuando mi padre en aquel entonces expresaba que habría un pueblo que seguiría esta lucha, nuestra presencia evidencia lo dicho.

De antemano, hago constar que no pretendo rechazar u ocultar que el 13 de mayo de 2000, fui detenido, arrestado, secuestrado y torturado en una jornada que comenzó en los terrenos que usurpa hoy día la Marina de Guerra y que finalmente culmina luego de 25 horas de secuestro en la Base Naval de Roosevelt Roads en Ceiba.


NO JURISDICCIÓN - NO DEFENSA

Abrazándome a mis ideales políticos no reconozco la jurisdicción sobre mi persona de este Tribunal Federal de los Estados Unidos de Norte América. Muy bien sé que existe dicha jurisdicción, ya que me prohíbo olvidar el sacrificio que ha significado para nuestro pueblo su existencia. Entiendo además que este Tribunal carece de jurisdicción sobre este caso cuando por encima de las leyes internacionales y derechos civiles elementales, funciona como una herramienta de tiranía en aires de los intereses militares de la Marina de Guerra de los EU. No reconozco este Tribunal, como tampoco reconozco la legitimidad de las cobardes acciones que la Marina de Guerra lleva sobre mi suelo, acciones que han sido cobijadas por este Tribunal, acciones que responden solo a los intereses militares, económicos, políticos e imperialistas del Gobierno Norteamericano de los Estados Unidos. Reconocer este Tribunal sería poner bajo tierra cada pulgada de mi piel, cada gota de mi sangre, cada trozo de mi alma; sería firmar sobre mi conciencia el aceptar que la Marina de Guerra continúe el genocidio que por sesenta años ha llevado en Vieques. Reconocer este Tribunal sería echar al olvido la historia de nuestra Nación. Es precisamente esa historia la que me hace recordar la decisión vertida por este Tribunal el 25 de agosto de 1941 cuando por Ley Pública Núm. 247 abrió la herida que dio entrada a la Marina de Guerra de los EU en suelo viequense y el comienzo de las centenares de expropiaciones de nuestras familias. Herida que hoy continúa abierta, herida que con el empeño, coraje, valor y sacrificio, nuestro pueblo habrá de suturar.

El no reconocer la jurisdicción de este Tribunal me lleva a no presentar acción de defensa legal ante este foro. Sin embargo, mi defensa la he llevado a través de mi orgullo como puertorriqueño, en mi capacidad como joven para tejer cada una de las decisiones a favor de nuestra lucha, en mis acciones, en el hambre y la sed de encontrar justicia en nuestro camino y sobre todo, en la credibilidad de mis ideas, motor que da vida a mi orgullo, a mis capacidades, a mis decisiones, a mis acciones, a mi hambre y a mi sed.

¿No es acaso el objetivo de una defensa el hallar de modo alguno la justicia para la persona defendida? ¿No es acaso el propósito de un Tribunal el recibir los argumentos de cada una de las partes y presentar una decisión respaldada por fundamentos sostenidos en la justicia? Entonces, como es posible materializar estos objetivos y propósitos cuando es totalmente imposible encontrar la justicia entre estas cuatro paredes. ¿Cómo podrá la defensa encontrar lo que no existe? ¿Cómo podrá el Tribunal sostenerse sobre lo inexistente? Acaso hubo justicia para Ángel Rodríguez Cristóbal, para David Sanes Rodríguez, Jesús "Chuito"Legrán y Mapepe , víctimas de la presencia militar. ¿Dónde están cada uno de los asesinos? ¿Dónde están los autores y autoras del sinnúmero de violaciones a los derechos civiles elementales de los y las puertorriqueñas que viven en Vieques? ¿Dónde están los y las responsables de la plaga que asfixia a mi pueblo saturándolo de enfermedades como el cáncer, enfermedades del corazón y pulmonares como el asma? ¿Dónde están los verdugos que han llevado a mi Vieques a la horca de tener hoy día los más altos niveles de cáncer, mortalidad infantil, pobreza, desempleo, entre otros? ¿Acaso han sido traídos como culpables ante esta institución? ¿Cuándo serán traídos los Diego Hernández, los Kevin Green, los Alex de la Cerda y los Torruella? Sin olvidar a los demagogos que sirven como pisapapel para sujetar las atrocidades de la Marina de Guerra
de los EU.

Se me hace imposible tan solo considerar que encontraré justicia y libertades en una institución donde su máxima figura, el juez, no tiene la libertad de tan siquiera hablar su propio idioma. Aquí la justicia no tiene aire, no existe, no palpita; aquí la justicia se muere también de cáncer.

FISCALIA FEDERAL

Hoy Fiscalía ha traído argumentos, que ésta entiende válidos para acusarme. Fiscalía tiene el pleno deseo de sentenciarme por cometer lo que ellos definen como un delito menos grave de penetrar en propiedad federal. Me parecen un poco vagos los inmorales argumentos que plantea fiscalía al omitir, en todo sentido, las condiciones a las que yo, como acusado me he enfrentado. Condiciones que han traído como consecuencia la violación a los derechos civiles y a la justicia moral, no tan solo a mi persona, sino a todas las personas de nuestra Isla Nena.

Como es posible que Fiscalía haya traído sus argumentos sin tener en cuenta los sesenta años de abusos, violaciones a los derechos civiles y a las leyes internacionales por parte de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, años que son la máxima evidencia de que nuestras acciones responden a la necesidad de proteger lo que este Tribunal no ha podido defender: la justicia y la paz. Como es que hoy Fiscalía nos acusa de penetrar a lo que
por naturaleza se nos ha dado y a lo que por la fuerza se nos ha robado. Hoy Fiscalía demuestra que solo tiene la capacidad de interpretar la ley según ha sido escrita, manipularla a su antojo y decir que el acusado físicamente cruzó una línea definida por una verja eslabonada. Hoy Fiscalía demuestra que sabe leer. Fiscalía carece de la capacidad de reunir todos los elementos válidos que aluden a la moral y a la verdadera justicia social, elementos que van por encima del asunto aquí en cuestión.

Un ladrón o asesino tendría mayor oportunidad de recibir justicia en este Tribunal. ¿Acaso es juzgada de igual manera una persona que mata en defensa propia, en comparación con una persona que mata por placer? Vieques esta en defensa propia y la Marina se da el placer de matarnos.

Fiscalía carece de moral, pero peor aún es la conducta paralela que ha asumido este Tribunal.

 

TRIBUNAL FEDERAL

La moralidad de este Tribunal queda totalmente disuelta en intereses ajenos a la justicia. La moral de este Tribunal queda al olvido, desamparada y esto lo evidencia la poca credibilidad que este Tribunal ha mostrado hacia sus propias leyes. Que alguien me explique cómo es posible que personas que han sido arrestadas en el mismo momento, bajo las mismas condiciones, en el mismo lugar, acusadas por el mismo delito y sentenciadas por el mismo juez, hayan recibido sentencias totalmente distintas. Esta explicación reside en que este Tribunal no ha sido capaz de creer en sus propias leyes. Que el peso de la inmoralidad de sus acciones le incapacita para sustentar posiciones de igual trato hacia las personas juzgadas.

Que alguien me explique los fundamentos en que descansa la sentencia que le tocó vivir a Liza Rosa Torres, joven estudiante que perdió la oportunidad de cumplir sus sueños de graduarse de escuela superior al perder su vida, a concecuencia del cáncer, a la corta de edad de 17 años. Que alguien me explique la sentencia que le tocó vivir a Ángel Rodríguez Cristóbal al ser cobarde y brutalmente asesinado en prisión federal. Que alguien me explique la sentencia que le tocó vivir a David Sanes Rodríguez asesinado por dos bombas lanzadas por la Marina. Que alguien me explique la sentencia que viven hoy las familias de estas y demás víctimas. Que alguien me explique la sentencia de cientos de personas y numerosas familias, que viven en la incertidumbre de no saber cuando la plaga susurrará a sus oídos.

Que alguien me explique como si yo fuera un niño de 3 años, para así poder explicar a mi infancia viequense que el alto nivel de mortalidad infantil, pobreza y subdesarrollo responde a la omisión de este Tribunal en acusar al verdadero culpable, que su condición responde a la incapacidad de este Tribunal en hacer eco de verdadera justicia. Que alguien me explique, Sr. Juez, para así poder explicarle a mi infancia viequense que la bendición más digna, hermosa y grande de ésta es haber nacido, pero que su desdicha, lamentablemente, es haber nacido en el mismo planeta donde coexisten y cohabitan el Gobierno de los EU, su Marina de guerra y este su Tribunal Federal. Muy bien sé que la explicación que hoy solicito a este Tribunal jamás llegará, no porque no exista, sino porque este Tribunal jamás tendrá la intención de darla. Le recomiendo a su vez, a este Tribunal que no intente buscar la respuesta en libros de leyes, y mucho menos en una nota al calce, jamás la encontrará.

Yo sin embargo tengo la dulzura de darle a este Tribunal el porqué de nuestra lucha. Nuestra lucha está en el palpitar de un corazón, en la sonrisa de un infante, en el sacudido del alma por cada bombazo, en la llegada de una tortuga carey a la Yayi regalando sus huevecillos como aportación a la lucha y a la vida, en el correr de la sangre, en el calor de un alma, en la juventud que abandona la isla, en el resonar de unas botas que se posan como agujas en la piel destruyendo todo a su paso, en el canto de un pitirre, en el grito de un padre cuando pierde a un hijo por cáncer, en el dolor de una mujer cuando pierde a un hermano en un llamado accidente, en los estudiantes presos, en el deseo de un anciano de regresar a su terruño de infancia, en la infancia que juega en la plaza, en el resurgir de un pueblo, en la desobediencia, en los cráteres sobre la Laguna Anones, en el ruido metálico al cortar una verja, ¡coño en la verja!, en la debilidad de los soldados para mirarte fijamente a los ojos, en los estudiantes que cerraron la escuela en protesta, en el temple de tía Luisa, en el grito de guerra, en el primito que levantó su brazo y su voz gritando ¡que se vayan dije! Nuestra lucha esta en el sobrevivir, y para sobrevivir hay que llenarse de sentimiento humano, el cual no habrá de encontrar espacio en esta sala.


SOMOS LA ANSIOSA LIBERTAD

Tengo el deber de revivir la historia de toda mi Nación, de las cobardes acciones que están prohibidas olvidar. Que sepa muy bien este Tribunal, la Marina de Guerra y su Gobierno que podrán llenar nuestra historia con asesinatos tildados de suicidios: Ángel Rodríguez Cristóbal (11 de noviembre de 1979). Podrán llenar nuestra historia de asesinatos tildados de accidentes David Sanes Rodríguez (19 de abril de 1999), Jesús "Chuito" Legran, Aníbal Corea, Anastasio Acosta, Urbano Rosario, María Guadalupe, Mapepe, Lelo Rosado, Johnny, Domingo Acosta, Sello Rojo. Podrán llenar nuestra historia de asesinatos tildados de estadísticas de cáncer y otras enfermedades: Lula Tirado, Minerva Bermúdez, Liza Rosa Torres, Juan Corcino, María Acevedo, Victor Emeric, Eulegio Montero, Arcadio Acosta, Pito Cruz, Celita, Vicente Corcino, César Rodríguez Torres, Carmen Luis, Clara Luis, Joanne Bermúdez, Gilberto Rodríguez, Che Emeric, Rosa Gandarilla, Esaúl Sánchez, Tino Pizarro, Augusto Bermúdez, Fabián Laó, Ovidin Pereira, David Ventura, Ana Celia Sánchez, Minguita, Agustín Rodríguez, Ismael Rodríguez, Ramón Sanes, Varo Comas, Manolín Portella, Emiliano Ramírez Laboy, Jonás Vélez, Mercedes Bermúdez, Tomás Castellanos, Domingo Lucas, Carmen Lydia Silva, Ramona Boulogne, Timoteo Belardo, Mariana Serrano, Jorge García Belardo, Ruino Belardo Salgado, Ángel Pérez Huertas, entre otros nombres que lamentablemente seguirán sumándose. Pero cada uno de estos asesinatos no dejarán de ser asesinatos, cobardes asesinatos que responden a la condición de vivir bajo la sombra del Gobierno de los EU, su Marina de Guerra y este su Tribunal. Gobierno que como parte de su conducta imperialista, tiene como natural el oprimir a los pueblos físicamente pequeños para engrandecer sus arcas expansionistas y pancistas. Que sepa este Tribunal que podrán perseguirnos, acorralarnos, torturarnos, amedrentarnos, desaparecernos y hasta asesinarnos pero jamás, jamás, jamás podrán perseguir, acorralar, torturar, amedrentar, desaparecer ni asesinar a cada una de nuestras ideas, las cuales nacen de un espíritu libre. La verticalidad de nuestra lucha se mantendrá latente sobre la incapacidad moral de la Marina de Guerra de los
Estados Unidos.

Cuando gobiernos como el de Hitler, Pinochet y Batista se dieron a la tarea de torturar, perseguir, ultrajar, violar y asesinar se le llamó genocidio y tiranía; pero cuando Estados Unidos tortura, persigue, ultraja, viola y asesina, cobardemente le llaman defensa nacional.

Que sepa muy bien este Tribunal que hoy no sentenciará a un joven más, hoy este Tribunal sentencia aquellas mentes incapaces de ejercer su conciencia.

Como mencioné al principio, mi nombre es Ismael Guadalupe Torres, hoy mi padre, mi madre, mis hermanos, familiares, amigos y muchas otras personas, se han enfrentado a este Tribunal en el justo reclamo por la paz para Vieques. Junto a todo un pueblo hoy mi padre repite la historia al haber sido arrestado y encarcelado por enfrentar nuevamente el delito de pisar la tierra en que nació. Yo seré hoy juzgado por pisar la tierra de la cual me robaron el derecho de nacer.

Hace 22 años mi padre, ante este Tribunal, pronunció las siguientes palabras: "Que mis hijos puedan decir que estoy preso, porque no quiero para ellos el Vieques que me tocó vivir a mí". Hoy padre, ante este Tribunal, yo pronunció estas palabras: tus hijos decimos con orgullo que nuestro padre está preso, pero con enorme certeza aseguramos que hoy vivimos el renacer de un Vieques que se distancia del que te tocó vivir a ti. Hoy vivimos un Vieques que se escribe como tatuaje de libertad de tinta indeleble sobre la cruda piel de la Marina. Hoy vivimos en un Vieques que se crece en todo un Puerto Rico. De un pueblo que se levanta como verso liberador, como verso inquebrantable que palpita. Pueblo que se asoma sobre la blanca arena de Punta Arenas y desciende en la espesura de Punta Salinas. Somos juventud galopante, que renuncia a sus estudios, a sus deberes profesionales, incluso a su familia, y se iza como bandera borincana en la lucha de todo este pueblo. Hablo de un pueblo de pensamientos afilados, de acciones concertadas, de estrategias que han sido capaces de empequeñecer a la Marina militarmente más poderosa y moralmente más débil. Hablo de una pueblo que hoy medita sobre su historia, pueblo sin nombres, de voluntades que van mas allá de títulos, de edades, de condiciones. Juventud de rostros silentes, de rostros indescriptibles pero semejantes y que sin temor en sus brazos envisten la verja que por años pareció ser indestructible, verja que hoy no parece sino que perece. Hoy vivimos un Vieques que trasciende en el tiempo.

A mi pueblo les pido que no duden de nuestra gesta. Somos el despertar borincano, somos la dada señal, somos el despertar de ese sueño, somos la hora de luchar, somos el llamar patriótico, somos el ardor en tu corazón, somos el venir simpático, somos el ruido del cañón, somos el querer la libertad, somos el machete que nos la dará, vamonos borinqueños, vamonos borinqueñas, vamonos ya, que somos el esperar ansioso, somos la ansiosa libertad.

Que este Tribunal proceda a dictar sentencia sobre mi persona, pues tengo la certeza, de que independientemente la puerta que me corresponde cruzar, cargaré sobre mi semblante la misma sonrisa que cargué cuando crucé la verja
aquel 13 de mayo de 2000. La sonrisa de la victoria.

 

Ismael Guadalupe Torres
11 de mayo de 2001