A R T I C U L O S >

En el Viequetazo, no dejemos camino por vereda
(Último de dos artículos)

por Padre Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
lbarrios@jjay.cuny.edu
14 de junio de 2002


 

El juicio contra los/as 42 activistas que llevamos a cabo las tres obediencias civiles, lo que otras personas llaman desobediencias civiles, demandando que la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acuse al gobierno de los Estados Unidos de violación de derechos humanos en Vieques, Puerto Rico, prácticamente tuvo un final feliz. Todos/as los/as activistas fuimos acusados/as de obstrucción del “tráfico peatonal” y/o de “desobedecer órdenes” que la policía nos había dado. En resumidas cuentas, solo nos condenaron a pagar sesenta dólares de multa.

El argumento final de la fiscalía se distinguió por enfatizar la violación de unas leyes, sin entrar en materia de análisis del por qué se violaron esas leyes. Por supuesto, ya esto estaba discutido y negociado, de una manera que no saliera a la luz que las tres acciones llevadas a cabo eran de carácter político, no criminal, con la intención de denunciar la violación de derechos humanos por parte del gobierno de los Estados Unidos en la Isla de Vieques, Puerto Rico.

Por otro lado, la defensa se caracterizó por enfatizar las razones que tuvimos las/os activistas para llevar a cabo estas demostraciones pacíficas frente a la ONU. Entre estas se señalaron que Puerto Rico todavía sigue siendo una colonia de los Estados Unidos, el asesinato de civiles con las prácticas militares, la incidencia de cáncer en la Isla, el desplazamiento de la población civil de sus hogares, la re-localización de esos hogares, la destrucción de la economía, la contaminación ambiental, etc. También se enfatizó la violación de derechos humanos al no respetarse los resultados de un plebiscito llevado a cabo en el año 2001 en el cual más del 60% de la población dio su voto para que la Marina de Guerra de los Estados Unidos cese sus maniobras militares, y salga de la Isla inmediatamente. La respuesta de Washington a este plebiscito fue que ellos deciden cuando es el momento de irse. Por supuesto, a esto le llaman democracia.

Ahora bien, ante todo este escenario hay otras realidades que me parecen que debemos de tomar en consideración en los procesos evaluativos. Mas allá de todo el sacrificio de ser arrestados/as y de haber sido procesados en un juicio, a mi me parece que se hace necesario el que podamos evaluarnos críticamente con la intención de mejorar lo que hicimos. En otras palabras, que ejercitemos la autocrítica como una actuación de madurez socio-política, y la misma dentro del contexto del amor y del respeto.

A mi me parece que la falla mayor estuvo en que no planificamos una estrategia de grupo en donde tuviésemos claro lo que íbamos a proyectar durante el juicio. Prácticamente cada cual hizo lo que quiso hacer, dejando como resultado incoherencias, contradicciones, mentiras y confusiones. Me parece que el juicio debió de ser el escenario para llevar a cabo la mayor acción de obediencia civil hacia Vieques, y de desobediencia civil contra el gobierno de los Estados Unidos. Me explico.

Toda acción de desobediencia civil debe de ser ejecutada dentro de la realidad de que se hace necesario violar unas leyes por que las mismas son inmorales. Por lo tanto, cuando organizamos desobediencias civiles es imprescindible que tengamos presente estas dos preguntas: ¿cuál es la metodología?, y ¿cuál es su fin?

Concerniente a la primera pregunta Mahatma Gandhi nos dice: “solo la no violencia organizada puede enfrentarse a la violencia organizada”. Yo no comparto esta generalización porque creo que la no violencia es solo una manera de enfrentarse a la violencia organizada. Yo soy creyente de que algunos fines justifican algunos medios, por lo tanto, sostengo que las estrategias de la no violencia, al igual que las estrategias de violencia revolucionaria, deben de ser justificadas dentro de cada contexto de lucha, y ser evaluadas constantemente para validar su efectividad. Por lo tanto, también creo que la desobediencia civil es una acción de no violencia organizada. Ahora bien, ¿Cuál es su fin? Nada más y nada menos que violar unas leyes injustas, estableciendo que las leyes morales de salvar vidas son las más importantes para la sobrevivencia humana. De aquí cuando Don Pedro Albizu Campos nos dice: “una ley injusta no es tal ley”. En otras palabras, se hace necesario violar esas leyes. Aunque debemos de tener claro, y aquí esta la parte ética, moral y espiritual de todo este asunto, que cuando se va a violar unas leyes dentro de este principio, hay que reflexionar en dos realidades.

Por un lado, el aceptar la responsabilidad de la violación, y por otro lado, la aceptación de las consecuencias de haber violado esas leyes. Yo no estoy diciendo con esto que me interesaba que me encarcelaran, de ninguna manera, yo tengo una agenda sumamente ocupada y necesito estar en la calle. Lo que estoy tratando de aclarar es que si vamos a llevar a cabo una acción moral, como lo es la desobediencia civil, y luego queremos evadir las consecuencias de las mismas, se pierde todo el carácter moral y espiritual de la acción, y la misma pasa a ser una chabacanería. Es por esto que debemos tener claro en donde nos estamos metiendo, para que nada nos coja de sorpresa. Ya lo dicen por ahí: “quien no se quiera quemar, que se salga de la cocina”.

Nuestra contradicción estuvo basada en que nunca aceptamos públicamente que violamos unas leyes, y en todo momento evitamos las consecuencias de que no nos enviaran a la cárcel por violar estas leyes. Hubo compañeros/as que querían negar que estuvieron presentes en las acciones, o que jamás escucharon cuando la policía nos dijo que estamos violando la ley. Esto estuvo fuera de orden y le restó credibilidad a nuestra lucha. Como personas que creemos en la causa y la justicia para Vieques y el resto del pueblo de Puerto Rico, debimos habernos parado desde el primer día diciendo que no era necesario el juicio porque somos culpables de la obediencia civil de haber violado unas leyes injustas, y como ciudadanos/as responsables aceptamos las consecuencias de nuestros actos. Este fue mi error; este fue nuestro error. Que esta experiencia nos sirva de reflexión para el futuro. De aquí la necesidad de seguir radicalizando nuestras estrategias de luchas, y por otro lado el que constantemente nos estemos revisando.

Por otro lado, fue otro error serio el individualizar una lucha de liberación que es colectiva. Estas acciones no fueron pensadas, planificadas u organizadas, por una solo persona. Este fue el resultado de una causa común, y no debemos volver a caer en estos procesos de jugarle el juego al enemigo de que identifiquemos a un/a líder, y que esta persona se lleve toda la culpa. Estas estrategias mesiánicas son peligrosas. De la misma manera, no supimos utilizar a los medios de comunicación con el propósito de poder transmitir un mensaje efectivo para adelantar la causa de Vieques, sino más bien se monopolizaron. Estas prácticas de adoraciones al ego deben de ser eliminadas, porque las mismas retrasan los procesos de liberación.

De nuevo, estas reflexiones las hago con amor y respeto, y las mismas me ayudan a que también me reexamine en mis contradicciones. Que no se nos olvide, es de humano cometer errores, por lo tanto, nada humano me es ajeno. En resumidas cuentas, yo creo que adelantamos la causa de Vieques, Puerto Rico. Ahora bien, ¿pudimos haberlo echo mejor? Aprendamos de nuestros errores. También creo que si. Sigamos ejercitando la paz con justicia, mientras seguimos luchando por sacar a la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Vieques, y del resto de Puerto Rico.

Padre Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
16 de junio del 2002