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Los militares en Vieques: control social mediante la represión y el terror

Por Neco Otero
IMC - NYC
nyc.indymedia.org
27 de mayo de 2002


 

La lista de las atrocidades militares en Vieques es muy larga, pero en su comienzo y final se encuentra el dato que los viequenses constituyen una comunidad militarmente ocupada. En Vieques se ha visto la más infame destrucción de ecosistemas tropicales de gran belleza y rareza: miles de millas de arrecifes de corales han sido pulverizadas; hectáreas de manglares y lagunas convertidas en basureros tóxicos; bahías bioluminiscentes destrozadas; áreas de anidaje de aves en peligro de extinción; ensenadas donde se crían manatíes, y se anidan las tortugas marinas, todas desoladas por los experimentos de la industria militar. La población humana está azotada por índices de mortandad por cáncer exageradamente altos. La deserción escolar, la drogadicción y el alcoholismo son consecuencias de la desesperanza y pobreza de una comunidad bajo ataques continuos.

Todos éstos, y muchos más, son los resultados de lo que ocurre cuando a los militares se les permite tener mano libre sobre los civiles. Los almirantes que han gobernado la Base Naval de Roosevelt Roads, de la cual la base de Vieques es parte, han ejercido tradicionalmente un poder omnímodo sobre nuestra sociedad civil, y han implantado una política prolongada dirigida a la eliminación de nuestra comunidad. Hubieran preferido eliminar toda la población, como hicieron en Diego García, pero nuestra lucha los ha obligado a conformarse con un plan alterno: la sustitución de la población de viequenses nativos, que siempre ha resistido su presencia aquí, por una casta de hoteleros americanos, y sus ayudantes traídos de afuera, que le servirían a unos turistas de clase alta, en una relación simbiótica con los militares. Transformarían a Vieques en un Hawaii caribeño, exclusivo. Y los chicos de Roosevelt Roads, y sus proveedores industriales, hubieran seguido en libertad de destruir la parte Este de Vieques, mientras la llamada "zona de amortiguamiento", una enorme faja de la Isla, ocupada por los militares, con su ambiente de paraíso tropical, y sus exuberantes playas, hubiera servido de campo de diversiones caribeñas para los ricos, y los exageradamente ricos, del "capital global" que se reparte el mundo. Esta es la política en contra de la cual estamos luchando hoy.

Sesenta y tres años de resistencia y lucha nos han enseñado dos o tres cosas sobre cómo confundir y desarticular a un enemigo mucho más grande y poderoso. Hemos organizado, y a pesar de que nuestros organizadores tienden a morir en accidentes misteriosos, otros siempre toman su lugar. Nos encarcelan nuestros activistas, acusados de violaciones menores, y los envían a cárceles en Estados Unidos (los reclusos en las cárceles de aquí protegen a nuestros activistas). En una de esas cárceles remotas, en Tallahassee, apareció asesinado un día Ángel Rodríguez Cristóbal. Nunca olvidaremos los encarcelados y los asesinados, pero muchos otros están listos para ocupar sus lugares.

Según hemos ido ganando terreno y apoyo, sus tácticas de terror se han desbordado de sus cárceles a la comunidad en general. El teniente Alex de la Zerda, ayudante del almirante Arthur Knoizen, entonces jefe de la base naval Roosevelt Roads, colocó un artefacto que explotó en el Colegio de Abogados de Puerto Rico, institución que proveía defensa legal gratuita a nuestros pescadores, que estaban enfrascados en lucha desigual en contra de la Flota del Atlántico de la Marina de Guerra de Estados Unidos. De la Zerda, y el jefe de los alguaciles federales en Puerto Rico, también trataron de colocar esos explosivos, que les proveía la Marina, en un avión entre cuyos pasajeros habrían de estar el líder de los pescadores, Carlos Zenón, y Víctor Emeric, hoy presidente de la Legislatura Municipal de Vieques.

¿Cuántos días de cárcel han cumplido estos asesinos en uniforme, estos terroristas federales y de la Marina? Ni uno. Ahí estaba la evidencia de sus propias investigaciones, pero todo el aparato federal de "justicia" en la colonia existe en función de apoyo a la conquista militar de Puerto Rico. Es la misma corte de Estados Unidos, no obstante, que condena a los pescadores al máximo de seis meses de prisión, por la ofensa menor de "trespassing" en aguas militares, en protesta en contra de los bombardeos. Hoy, el líder de los pescadores, Carlos Zenón, y su hijo menor Yabureibo, ambos cumplen una condena de seis meses de prisión en una institución de máxima seguridad, junto a docenas de otros activistas. En los últimos dos años, mucho más de mil puertorriqueños han sido arrestados por los militares ("detenidos", dice el almirante Kevin Green, jefe actual de Roosevelt Roads), y sentenciados a prisión federal.

Los militares son los dueños de los jueces y magistrados, y los fiscales acusadores son oficiales militares de oficio que traen de diferentes bases en Estados Unidos. No hay juicios por jurados. Más bien, las convicciones y sentencias son expedidas sumariamente, de acuerdo a los pedidos de la fiscalía militar, por estas marionetas que posan como jueces y magistrados federales.

¿Por qué Vieques debe importarle a un ciudadano de Nueva York, o de Illinois? ¿Por qué en la América post-11/9, los aliados de los militares proponen la eliminación del Posse Commitatus Act. Porque los ataques terroristas le han provisto a los John Ashcroft de la derecha con una ventana de oportunidad para hacer retroceder la historia de nuestros derechos civiles, que generalmente tomamos por sentado. En Vieques sabemos cuánto añoran el poder los militares. Los conocemos como la pandilla viciosa y asesina que son, y sabemos que sueñan con un régimen en que puedan ejercer su dominio e imponer su orden opresivo sobre la ciudadanía. En Vieques han experimentado con mucho más que armas nucleares, químicas y bacteriológicas. Han explorado las diferentes vías y medios de ejercitar su corrupto poder sobre la sociedad civil.

Nuestra lucha por derrotar la tiranía militar en Vieques es un anticipo a la batalla prolongada que se desata dentro los círculos de poder de Estados Unidos, y que eventualmente se desatará públicamente. Si piensa que eso es imposible, piense otra vez. El terror del 11/9 le ha abierto las puertas de la jaula a las fuerzas siniestras que buscan la oportunidad de imponer controles y límites ostensibles sobre nuestras libertades, además de los controles surrepticios que ya existen. Saben muy bien cuán volátil es la economía del capital, y anticipan que sólo el control armado puede mantener las calles y las ciudades en orden, y el mundo seguro para el dominio global del capital y la propiedad privada, en caso de una debacle financiera general.

No le permitamos a los militares a invadir nuestra sociedad civil. Vamos a derrotarlos en la batalla de Vieques